VENDIMIA 2027: LOS VIÑATEROS DE MENDOZA EN ALERTA POR EL PRECIO DE LA UVA Y LA FALTA DE FINANCIAMIENTO
A pocos meses de comenzar una nueva temporada de cosecha, los productores vitivinícolas advierten que los valores de la uva no acompañan el aumento de los costos y reclaman herramientas financieras para sostener las fincas. La preocupación también alcanza los plazos de pago, el abandono de viñedos y las reglas comerciales que regulan la actividad.
UNA NUEVA VENDIMIA CON INCERTIDUMBRE
La vitivinicultura mendocina se prepara para una nueva vendimia en un escenario atravesado por la incertidumbre económica. El precio que recibirán los productores por la uva y las posibilidades de acceder a financiamiento para afrontar los gastos de cosecha, acarreo y mantenimiento de las fincas aparecen entre las principales preocupaciones del sector.
La discusión comienza antes de que los primeros racimos lleguen a las bodegas. Para los pequeños y medianos viñateros, la preparación de una temporada exige disponer de recursos para pagar trabajadores, realizar tareas culturales, comprar insumos, mantener los sistemas de riego y afrontar los servicios. Sin embargo, los ingresos provenientes de la producción no siempre llegan en los tiempos necesarios ni compensan la evolución de esos gastos.
La Asociación de Viñateros de Mendoza viene advirtiendo sobre una situación que considera cada vez más difícil de sostener. Según los planteos de la entidad, los precios que recibe el productor permanecen atrasados frente al aumento de los costos, mientras que los plazos de pago se extienden y reducen la disponibilidad de dinero para continuar trabajando.
El problema adquiere mayor dimensión cuando se aproxima una nueva cosecha: los productores deben comenzar a financiar las tareas de la siguiente campaña sin haber recuperado necesariamente el dinero correspondiente a la anterior.
EL PRECIO DE LA UVA, EN EL CENTRO DEL RECLAMO
Uno de los principales interrogantes para la vendimia 2027 es cuánto recibirán los productores por cada quintal de uva. La preocupación se relaciona con la diferencia entre los valores de comercialización y los gastos que implica mantener una explotación vitícola durante todo el año.
Los productores sostienen que no alcanza con observar el precio nominal de la uva. Para determinar si una cosecha resulta económicamente viable es necesario considerar los costos de poda, atadura, tratamientos, fertilizantes, energía, combustibles, salarios y traslado de la producción.
En febrero de 2026, la preocupación ya había llegado a las calles. Productores y contratistas vitivinícolas realizaron un caravanazo hasta la Legislatura provincial para reclamar valores que permitieran cubrir los costos de producción. Durante la movilización entregaron racimos de uva y expusieron las dificultades que enfrentaban las familias vinculadas con la actividad.
El reclamo no se limita a conseguir un precio más alto en una negociación puntual. También apunta a lograr condiciones comerciales que permitan conocer con anticipación cuánto se pagará, en qué plazos se cobrará y qué mecanismos estarán disponibles para evitar que los productores queden expuestos a acuerdos desfavorables.
MENOS COSECHA, COSTOS ALTOS Y FINCAS EN RIESGO
La situación económica se combina con una disminución del volumen cosechado durante 2026. Según los datos difundidos sobre el cierre de la campaña, Mendoza registró una caída interanual del 12,4%, con una producción de aproximadamente 13,1 millones de quintales.
La menor cantidad de uva disponible no necesariamente significa mejores ingresos para los productores. El resultado depende también de la demanda, los niveles de existencias de vino, las operaciones de las bodegas y los precios que se acuerden en cada temporada.
Desde la Asociación de Viñateros advierten que la falta de rentabilidad ya tiene consecuencias concretas en distintas zonas productivas: fincas que reducen sus tareas de mantenimiento, explotaciones que dejan de trabajar y viñedos que corren riesgo de abandono o erradicación.
Recuperar una superficie que dejó de producir no es inmediato. Requiere inversiones y varios ciclos agrícolas para que las plantas vuelvan a generar una cosecha comercial. Por eso, cada finca que sale del sistema representa una pérdida que puede extenderse durante años.
La preocupación también alcanza al empleo rural. La vitivinicultura necesita trabajadores durante distintas etapas del calendario agrícola, desde las labores de invierno hasta la cosecha. Cuando una explotación deja de funcionar, el impacto alcanza a contratistas, obreros, transportistas y comercios vinculados con la actividad.
EL FINANCIAMIENTO, UNA HERRAMIENTA CLAVE PARA LLEGAR A LA COSECHA
Otro de los puntos centrales es el acceso al crédito. Los productores necesitan capital para realizar las tareas previas a la vendimia y afrontar los gastos de cosecha y acarreo, pero las condiciones financieras pueden convertirse en una barrera para las explotaciones de menor escala.
La Asociación de Viñateros reclama líneas accesibles, prórrogas para determinadas obligaciones y herramientas que contemplen los tiempos reales del negocio agrícola. El planteo apunta a evitar que los productores deban desprenderse de activos o abandonar sus fincas por no poder afrontar compromisos inmediatos.
Durante 2026, el Gobierno de Mendoza había anunciado líneas de financiamiento para cosecha y acarreo destinadas a productores con hasta 20 hectáreas cultivadas, además de herramientas canalizadas a través del Banco Nación. Esos antecedentes muestran que existen instrumentos de asistencia financiera, aunque el sector continúa planteando la necesidad de contar con alternativas suficientes y adaptadas a la situación de cada productor.
El desafío para la próxima campaña será determinar si las herramientas disponibles alcanzan para cubrir las necesidades de quienes deben comenzar a trabajar antes de recibir los ingresos de la cosecha.
LA DISCUSIÓN POR LAS REGLAS DE LA ACTIVIDAD
La preocupación económica también está acompañada por un debate sobre las normas que regulan la comercialización de la uva y el funcionamiento de la cadena vitivinícola.
Entre los puntos cuestionados por la Asociación de Viñateros aparece el Control de Ingreso de Uva (CIU), un documento que permite dejar constancia de la cantidad y las características de la producción entregada en una bodega. Para la entidad, ese instrumento representa una garantía para el productor y una herramienta de transparencia en las operaciones.
También existe rechazo a posibles cambios vinculados con la refermentación y a modificaciones en organismos que intervienen en la actividad. Desde el sector consideran que cualquier transformación normativa debe contemplar el impacto sobre los viñateros y evitar que se profundicen las diferencias entre los distintos eslabones de la cadena.
En este escenario, la próxima vendimia no se presenta únicamente como una nueva etapa de cosecha. También será una prueba para determinar si la actividad puede recuperar previsibilidad, mejorar las condiciones de comercialización y sostener a los productores que mantienen en funcionamiento las fincas mendocinas.
UNA TEMPORADA QUE SE PREPARA CON MÁS PREGUNTAS QUE CERTEZAS
Con la mirada puesta en 2027, el sector espera definiciones sobre los precios, los plazos de pago y las posibilidades de acceder a financiamiento. Para las familias productoras, el calendario agrícola no se detiene: las labores deben realizarse aunque todavía no exista certeza sobre el ingreso que dejará la próxima cosecha.
La discusión involucra a productores, bodegas y gobiernos, pero sus consecuencias alcanzan a buena parte de la economía provincial. La vitivinicultura sostiene puestos de trabajo, servicios, transporte, turismo y numerosas actividades comerciales que dependen de la producción de los viñedos.
El reclamo de los viñateros apunta a que la preparación de una nueva vendimia no vuelva a desarrollarse bajo las mismas dificultades. Sin precios que permitan cubrir los costos y sin recursos para financiar las tareas, la continuidad de las fincas queda comprometida.
La pregunta que atraviesa al sector es concreta: si los productores no consiguen condiciones para sostener sus explotaciones durante los próximos meses, ¿cuántos podrán llegar en condiciones de trabajar cuando comience la cosecha?