VAMOS ARGENTINA, QUE NO ES SÓLO UN PARTIDO DE FÚTBOL
La Selección se juega esta tarde en Atlanta mucho más que un pase a la final: un pedazo de historia, orgullo y revancha que trasciende fronteras y se siente hasta en el otro lado del mundo. #VamosArgentina #Mundial2026 #ArgentinaInglaterra
Hay partidos que son apenas noventa minutos y hay partidos que son mucho más. El de esta tarde en Atlanta pertenece a la segunda categoría. Argentina e Inglaterra vuelven a cruzarse en un Mundial y, aunque los protagonistas cambien, el peso simbólico del cruce sigue intacto: el recuerdo de la guerra de Malvinas, la humillación de Alf Ramsey llamando "animales" a los argentinos en el 66, y la revancha eterna de México 86, cuando Diego Maradona le devolvió a un país entero dignidad y amor propio que la fuerza usurpadora en la contienda militar nos había arrebatado apenas cuatro años antes.

Ese gol, la Mano de Dios, no fue solamente una genialidad futbolera. Fue, para millones, una forma de justicia simbólica, poética: la posibilidad de vencer, aunque sea en una cancha, a una potencia que en otros terrenos —el diplomático, el militar, el económico— siempre se las ingenió para ganar, o robar, para ser más precisos.
Y esta lectura no quedó encerrada en las fronteras argentinas. A más de 17.000 kilómetros de Buenos Aires, en Bangladesh, un país que jamás clasificó a un Mundial, millones de personas adoptaron a la Selección como propia desde aquel mismo 1986. Allí, el gol de Maradona a los ingleses se interpretó como el triunfo de un pueblo chico y postergado sobre uno de los imperios que supieron dictar las reglas del mundo colonial, y en el caso de aquel pueblo, condenar a la muerte a millones de sus compatriotas. Y no sólo ellos, que se han vuelto tan populaes por sus manifestaciones multitudinarias... Cientos, por todo el mundo, apoyan a nuestra selección, por Diego y también por Malvinas, y porque han sufrido el imperialismo en carne propia. Así India, Pakistán y también sus vecino cercanos de Escocia, cuya abrumadora mayoría apoya a Argentina en la contienda de hoy.
Tapa "Fake" de un Lionel "Corazón Valiente" Messi, luchando por Argentina y por Escocia.
Ese cariño inesperado, nacido de una identificación entre pueblos que atravesaron sus propias cicatrices frente al poder colonial, es también parte de lo que se juega esta tarde. Porque cuando Argentina sale a la cancha, no lo hace solamente representando a los argentinos que paran la vida entera para mirar el partido, sino también a esa enorme comunidad lejana que encontró en la celeste y blanca una forma de rebeldía y de esperanza.
La emotiva carta de Roberto Bocanegra, excombatiente de Malvinas, previo al partido de la Scaloneta con Inglaterra, con su mensaje directo a los jugadores, también refleja este sentimiento que hoy tenemos millones de argentinos, entendiendo que es la semifinal de un mundial, y que también hoy más que nunca "hay que dejarlo todo".
Con Messi buscando a los 39 años una despedida mundialista a la altura de su historia, y con un plantel que ya demostró que sabe sufrir y sobreponerse cuando el partido se pone cuesta arriba, la ilusión del bicampeonato se mezcla hoy con algo más profundo: la chance de escribir, una vez más, un capítulo de justicia deportiva frente a un rival que representa mucho más que un simple equipo de fútbol.
No hace falta ganar guerras para torcer la historia. A veces alcanza con un partido, noventa minutos y una pelota, para que un país entero —y otro, del otro lado del planeta— sienta que el mundo, por una tarde, se puede dar vuelta.
Hoy no será la guerra, lo entendemos, pero para nosotros no es sólo un partido de fútbol.
Vamos Argentina Carajo.
Fuentes: Financial Times, El Comercio