UN NEGOCIO CRUEL EN RIVADAVIA: EL LUCRATIVO CIRCUITO DE APUESTAS ILEGALES QUE EXPLOTA ANIMALES Y ES ATRAVESADO POR SILENCIOS CÓMPLICES
Detrás del negocio de las carreras clandestinas de perros se oculta una red de dinero informal, crueldad animal y tráfico de especies que resiste al cumplimiento de la ley.
El reciente operativo policial en una finca rural donde se interrumpió una competencia ilegal de canes expuso, una vez más, la vigencia de un circuito clandestino que combina la especulación financiera informal con el maltrato explícito hacia los animales. En el lugar, entre decenas de asistentes que intentaron huir por la maleza al advertir el arribo de las fuerzas de seguridad, las autoridades aprehendieron al presunto organizador, rescataron a un perro de raza galgo y hallaron en la propiedad adyacente ejemplares de aves silvestres retenidos ilegalmente en jaulas junto a dispositivos de captura.
Este tipo de encuentros clandestinos no representa un mero pasatiempo rural ni una tradición inofensiva; constituye un engranaje de apuestas fuera del marco legal que moviliza sumas de dinero no declaradas y fomenta la explotación irracional de seres sintientes. La fascinación por el juego informal y la búsqueda de ganancia rápida impulsan a redes clandestinas a vulnerar normativas de orden público, sometiendo a los animales a rutinas exigentes, traslados irregulares y, en muchos casos, al suministro de sustancias para optimizar su rendimiento deportivo a costa de su salud.

En Argentina, la sanción de la Ley Nacional 27.330 en el año 2016 estableció la prohibición taxativa de las carreras de perros de cualquier raza en todo el territorio argentino, tipificando esta práctica como delito penal e imponiendo sanciones severas a organizadores y promotores. Sin embargo, la persistencia de estos circuitos demuestra que los sectores involucrados insisten en operar en la penumbra, al margen de la justicia y alimentando una subcultura del juego no regulado que destruye los consensos éticos básicos sobre la protección animal.
El problema trasciende la mera competencia en pista. El hallazgo de aves protegidas —como diucas, mistos, jilgeros y chingolos— y trampas de captura en el domicilio del imputado expone la estrecha vinculación entre las apuestas clandestinas y el tráfico ilegal de fauna silvestre. Quienes organizan estos eventos operan al margen de las normativas ambientales y penales, concibiendo a la naturaleza y a la fauna como meros insumos comerciales para el entretenimiento de unos pocos.
Resulta indispensable consolidar un rechazo social rotundo ante este tipo de prácticas. La complicidad de quienes asisten, financian o toleran estas reuniones clandestinas perpetúa un modelo de entretenimiento destructivo que naturaliza el maltrato. La intervención judicial y el accionar policial son pasos cruciales para disuadir la actividad, pero el verdadero cambio requiere tomar conciencia sobre los riesgos sociales, penales y éticos que implica sostener redes de apuestas ilegales disfrazadas de folklore popular.