TEMBLÓ DE NUEVO: SEGUNDO SISMO FUERTE EN MENDOZA EN MENOS DE DOS SEMANAS
Un movimiento de magnitud 4,6 con epicentro en Ugarteche sacudió este jueves a la noche el Gran Mendoza, apenas diez días después de otro temblor de similar intensidad en la misma zona sur de la provincia. No se reportaron daños, pero la seguidilla reaviva la discusión sobre la actividad sísmica local.
La tierra volvió a moverse en Mendoza. Este jueves a las 21 horas, un sismo de magnitud 4,6 se sintió con claridad en distintos departamentos del Gran Mendoza, según confirmó el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres). El epicentro se ubicó en la zona de Ugarteche, departamento de Luján de Cuyo, a 16 kilómetros al sur de la Ciudad de Mendoza y a una profundidad de apenas 10 kilómetros, un factor que —como suele ocurrir con los sismos superficiales— explica que el movimiento se haya percibido con tanta intensidad pese a no ser un evento de gran magnitud. Hasta el momento no se reportaron daños materiales ni personas heridas, aunque muchos vecinos del área metropolitana describieron haber escuchado un fuerte ruido subterráneo instantes antes del temblor.
El dato que no puede pasarse por alto es que este no fue un episodio aislado. Apenas diez días atrás, el lunes 27 de julio, otro sismo había sacudido la misma región sur de la provincia: un movimiento inicialmente informado en 4,8 grados y luego ajustado a 4,1 por el Inpres, con epicentro cerca de El Carrizal, en el límite entre Tupungato y Luján de Cuyo, a apenas ocho kilómetros de profundidad. Aquel temblor se sintió con mayor intensidad en Tunuyán y Tupungato, alcanzando entre III y IV grados en la escala de Mercalli Modificada, y también fue percibido en San Carlos, Rivadavia, San Martín y la Ciudad de Mendoza.

Dos sismos de magnitud similar, separados por poco más de una semana, y con epicentros a pocos kilómetros de distancia entre sí, no son necesariamente motivo de alarma extrema desde el punto de vista técnico —Mendoza es, después de todo, una de las provincias con mayor actividad sísmica del país—, pero sí ameritan que el organismo de control y las autoridades locales redoblen la comunicación con la población. La provincia integra la zona de mayor peligrosidad sísmica según el propio mapa de amenaza actualizado por el Inpres, lo que convierte cualquier seguidilla de movimientos telúricos en una oportunidad para insistir con la prevención: revisar la mochila de emergencia, conocer los puntos de encuentro y no naturalizar los sismos como un simple susto pasajero.
Si bien, para nosotros los mendocinos, convivir con la actividad sísmica es parte de la vida cotidiana, esto no debería traducirse en indiferencia institucional. Cada movimiento de esta magnitud es una prueba en tiempo real de la infraestructura, del estado de los edificios más antiguos del Gran Mendoza y de la capacidad de respuesta de los organismos de emergencia. La buena noticia, por ahora, es que ninguno de los dos episodios recientes dejó víctimas ni daños de consideración. La tarea pendiente es que esa buena noticia no se deba solamente a la suerte.