SIN CONFIANZA PARA INVERTIR: UN AÑO Y MEDIO DE CAÍDA Y UN PAÍS QUE PIERDE EMPLEO Y SALARIO AL MISMO TIEMPO

SIN CONFIANZA PARA INVERTIR: UN AÑO Y MEDIO DE CAÍDA Y UN PAÍS QUE PIERDE EMPLEO Y SALARIO AL MISMO TIEMPO

La inversión productiva encamina su sexto trimestre consecutivo en rojo, mientras la industria trabaja con más de un tercio de su capacidad ociosa. El resultado ya es tangible: miles de puestos de trabajo destruidos y salarios que no logran empardar ni siquiera una inflación que el propio Gobierno celebra como controlada.

#Ruta7Digital #EconomíaArgentina #Inversión #Empleo #PoderAdquisitivo #Recesión
Por Alfonso Conrado 8 de octubre de 2026

Hay una cifra que resume mejor que ninguna otra el momento que atraviesa la economía argentina: para cerrar septiembre sin sumar un sexto trimestre seguido de caída en la inversión, el país necesitaba un salto del 6,5% en un solo mes. Según el cálculo del Banco Provincia, esa magnitud es prácticamente imposible de alcanzar, y todo indica que, para cuando se conozcan los números oficiales, la Argentina habrá completado un año y medio entero sin que las empresas vuelvan a apostar en serio por ampliar su capacidad productiva.

Una caída que ya lleva diez meses

El Índice de Inversión Bruta Interna de Orlando Ferreres, una de las mediciones privadas más seguidas del país, registró en agosto una contracción del 5,4% interanual, la décima consecutiva. Entre enero y agosto de este año, la inversión acumula una baja del 7,9%, y desde el pico alcanzado a comienzos de 2025 —cuando había logrado recuperar los niveles de 2023— ya retrocedió un 12,4%. La construcción cayó 7,1% en agosto y la compra de maquinaria y equipos, 4,1%, sin distinción entre lo producido en el país y lo importado. No hay un sector que esté empujando hacia arriba.


Por qué no invierten las empresas

El diagnóstico detrás de estos números no es un misterio. Un relevamiento del propio Banco Provincia mostró que, durante el primer semestre, la industria utilizó apenas el 57,6% de su capacidad instalada, siete puntos por debajo del promedio de 2021-2023. Con buena parte de las fábricas trabajando muy por debajo de lo que podrían producir, resulta lógico que pocas empresas sientan la necesidad urgente de sumar una nueva planta o una máquina más: primero habría que llenar lo que ya existe y hoy permanece ocioso. A esto se suma un sistema de crédito que no acompaña: los préstamos a empresas cayeron 1,8% entre abril y junio, y el indicador de condiciones crediticias del Banco Central para el sector productivo lleva siete trimestres consecutivos en terreno negativo.

El argumento oficial que no logra despegar

Esta foto contrasta de lleno con una de las apuestas centrales del Gobierno de Javier Milei: que el ordenamiento macroeconómico, sumado al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), iba a desatar una ola de inversión privada capaz de traccionar al resto de la economía. Los anuncios de proyectos existieron, sobre todo en minería, petróleo y gas, pero un trabajo de la Universidad Austral fue categórico: esos grandes proyectos todavía no logran compensar la caída generalizada de la inversión agregada. En otras palabras, lo que crece en algunos sectores puntuales no alcanza para tapar el agujero que se abre en el resto del entramado productivo.


Lo que esto significa para la gente

Detrás de cada punto porcentual de inversión que no se concreta, hay consecuencias muy concretas sobre la vida cotidiana. Según datos de organismos como el IIEP de la UBA y relevamientos de Chequeado, el empleo asalariado registrado acumula una pérdida de entre 56.000 y más de 300.000 puestos de trabajo desde noviembre de 2023, según el período de referencia que se tome, con la industria y la construcción entre los sectores más golpeados. En paralelo, el salario formal viene perdiendo poder de compra de manera sostenida: el salario registrado cayó hasta 2,2% real en los primeros meses del año, mientras que el salario mínimo acumula una pérdida que, según distintas mediciones, ronda el 38% y el 40% desde el inicio de la gestión, ubicándolo por debajo de los niveles previos a la crisis de 2001.

El límite que se empieza a ver

El propio Banco Provincia advierte sobre el riesgo de fondo: sin una recuperación del capital productivo —maquinaria, tecnología, infraestructura nueva—, cada vez será más difícil sostener tasas de crecimiento elevadas en el futuro. La inversión de hoy es la capacidad productiva de mañana, y esa capacidad es, también, la que determina cuántos puestos de trabajo puede sostener una economía y a qué salario. Mientras los indicadores sigan apuntando en la misma dirección, la pregunta que queda flotando no es solo cuándo repunta la inversión, sino cuánto empleo y cuánto poder adquisitivo más está dispuesta a resignar la sociedad en el camino.


Imagen ilustrativa del artículo creada con IA

¿Te gustó esta nota? Compartila