RECORTE DE PENSIONES POR INVALIDEZ: MÁS DE 21.800 BENEFICIARIOS DEBERÁN REVERIFICAR SU SITUACIÓN ANTE EL GOBIERNO NACIONAL
El Poder Ejecutivo anuló el restablecimiento automático de las asistencias no contributivas suspendidas en revisiones administrativas y fijó un plazo estricto de 60 días para reempadronarse y acreditar las condiciones de vulnerabilidad y discapacidad.
El escenario de las prestaciones sociales en la Argentina atraviesa un nuevo capítulo de recortes. La Secretaría Nacional de Discapacidad oficializó la suspensión y puesta bajo auditoría individual de más de 21.800 pensiones no contributivas por invalidez laboral. La medida deja sin efecto la restitución cautelar masiva que se había dispuesto previamente sobre un universo de expedientes cuestionados, obligando a los titulares a iniciar un trámite de rehabilitación para demostrar que continúan reuniendo los requisitos médicos, personales y socioeconómicos contemplados por la normativa vigente.
El marco conceptual de esta decisión se inscribe en el plan de fiscalización y auditoría que el Estado nacional lleva adelante sobre las asignaciones destinadas a personas con discapacidad o incapacidad laboral severa. Según la postura oficial, el freno a los cobros no dictamina de manera previa la inexistencia de una condición médica limitante, sino que responde a la falta de antecedentes o datos certeros en las bases oficiales para validar de forma automatizada si el beneficiario cumple con la totalidad de las condiciones de vulnerabilidad exigidas. De este modo, los montos mensuales quedan congelados de forma transitoria hasta tanto cada expediente sea analizado y ratificado en forma individual.

Para las personas afectadas, la disposición plantea un desafío operativo de consideración. El procedimiento establece que los titulares contarán con un plazo estricto de 60 días corridos, contados desde la notificación formal o la publicación de los anexos normativos, para formalizar el pedido de rehabilitación del beneficio. En ese periodo, los beneficiarios deberán compilar una carpeta probatoria integral que incluye la actualización de la historia clínica, estudios complementarios de diagnóstico, informes de especialistas que acrediten el porcentaje de incapacidad requerida, copias del Documento Nacional de Identidad del titular (y de su tutor legal en caso de corresponder) y comprobantes de ingresos que demuestren la vulnerabilidad económica.
La complejidad de la reconvalidación no solo radica en la acumulación de certificaciones médicas, sino también en las dinámicas del sistema de atención presencial y digital. La reciente normativa reorganizó las bocas de recepción, delegando la atención presencial en agencias y Unidades de Gestión Local (UGL) de PAMI e instalaciones autorizadas del organismo de discapacidad. Adicionalmente, se dispusieron vías remotas como la plataforma Trámites a Distancia (TAD), el correo electrónico institucional y los formularios web del Ministerio de Salud.
Para un sector con movilidad reducida, cuadros de salud crónicos o residencias alejadas de los centros urbanos, gestionar turnos médicos en el sistema público o privado en plazos acotados representa un obstáculo diario. La necesidad de trasladarse a dependencias físicas o conseguir un turno para especialista antes del vencimiento del periodo de 60 días genera una presión constante sobre familias que dependen de la pensión como ingreso principal de subsistencia. A esto se le suma la brecha digital que enfrentan quienes deben escanear y subir documentación en formato digital, donde la asistencia de terceros resulta imprescindible para evitar errores u omisiones en las presentaciones administrativos.
La revisión de estas más de 21.800 pensiones genera expectativas diversas tanto en los organismos de control como en la sociedad civil. Mientras desde el Poder Ejecutivo argumentan la importancia de depurar los padrones y garantizar que los recursos públicos lleguen de forma rigurosa a quienes realmente lo necesitan, organizaciones defensoras de los derechos de las personas con discapacidad remarcan la urgencia de agilizar los circuitos administrativos para que el proceso no derive en la interrupción prolongada de coberturas esenciales de salud y manutención diaria de personas en extrema vulnerabilidad.