PERROS Y GATOS NO SABOREAN LA COMIDA COMO LOS HUMANOS: ASÍ FUNCIONAN SU GUSTO Y SU OLFATO
La ciencia explica por qué un alimento que para una persona puede resultar irresistible no necesariamente genera la misma respuesta en una mascota. Los perros tienen más papilas gustativas que los gatos y pueden detectar el sabor dulce, mientras que los felinos lo perdieron durante su evolución. En ambos casos, el olfato tiene un papel fundamental a la hora de decidir qué comer.
Cada vez que un perro se acerca a su plato o un gato huele durante varios segundos antes de probar su comida, está utilizando un sistema sensorial muy diferente al humano. Para estas mascotas, la aceptación de un alimento no depende solamente de su sabor: el aroma, la textura e incluso la temperatura pueden determinar si finalmente comen o lo rechazan.

La diferencia es especialmente llamativa entre perros y gatos. Mientras los canes conservan la capacidad de detectar los cinco sabores básicos que también reconocemos los humanos, los felinos tienen un sistema gustativo mucho más especializado y directamente no pueden percibir el sabor dulce.
LOS GATOS NO SABEN QUÉ ES “DULCE”

El caso de los gatos es uno de los más curiosos. Los felinos poseen alrededor de 470 papilas gustativas, una cantidad muy inferior a las aproximadamente 1.700 de los perros y las cerca de 9.000 de los seres humanos.
La razón por la que un gato no puede disfrutar de un sabor dulce como lo hacemos nosotros está en sus genes. El receptor encargado de detectar ese sabor, asociado al gen Tas1r2, es inactivo en los felinos. Su evolución como carnívoros estrictos hizo que la detección de azúcares tuviera mucha menos importancia para su alimentación.
En cambio, el sistema gustativo del gato está especialmente preparado para reconocer señales relacionadas con los aminoácidos y el sabor umami, característico de alimentos ricos en proteínas y asociado a la carne.
Por eso, cuando un gato muestra entusiasmo frente a determinados alimentos, no necesariamente está buscando algo “sabroso” en el sentido humano: su organismo está respondiendo a señales relacionadas con los nutrientes que necesita.
EL OLFATO ES FUNDAMENTAL

Si existe un sentido que puede cambiar completamente la experiencia de comer para una mascota, ese es el olfato.
El aroma puede determinar la aceptación de un alimento incluso antes de que llegue a la boca. En perros, esta característica es especialmente importante debido a su extraordinaria capacidad olfativa. Las investigaciones sobre palatabilidad muestran que las señales olfativas tienen un papel fundamental en sus preferencias alimentarias.
Los perros, por ejemplo, pueden mostrar preferencias diferentes entre alimentos de acuerdo con sus aromas. Algunos estudios encontraron que pueden inclinarse por determinadas fuentes de carne, y que las sustancias volátiles que desprende la comida influyen directamente en cuánto consumen.
En los gatos, el olor también funciona como un filtro previo al consumo. Su sistema olfativo analiza profundamente los aromas antes de que el animal decida acercarse al alimento o ingerirlo.
Por eso, una comida puede tener un sabor que el animal acepte pero ser rechazada simplemente porque su aroma no resulta atractivo.
LOS PERROS TIENEN UN GUSTO MÁS PARECIDO AL HUMANO

Los perros cuentan con unas 1.700 papilas gustativas y pueden detectar sabores dulce, salado, ácido, amargo y umami. Eso no significa que perciban la comida exactamente igual que una persona: su sentido del gusto es menos desarrollado y el olfato tiene una influencia mucho mayor.
Además, los perros presentan una sensibilidad particular frente a los sabores amargos. Desde el punto de vista evolutivo, detectar determinados compuestos amargos puede ayudar a evitar sustancias potencialmente perjudiciales.
Su condición de omnívoros también explica algunas diferencias respecto de los gatos. Los perros pueden aprovechar una variedad más amplia de alimentos y su sistema sensorial refleja esa historia evolutiva.
PARA UN GATO, LA TEMPERATURA TAMBIÉN CUENTA

Uno de los datos más llamativos señalados por la investigación es la importancia de la temperatura de la comida.
Los gatos mostraron preferencia por alimentos húmedos servidos alrededor de 37 °C, aproximadamente la temperatura corporal de una presa. En comparación, tuvieron menor preferencia por alimentos a temperatura ambiente, cercana a 21 °C, o refrigerados, alrededor de 6 °C.
No se trata solamente de una cuestión de temperatura. El calor puede favorecer la liberación de determinados compuestos aromáticos y, por lo tanto, modificar la experiencia olfativa del animal.
Esto ayuda a explicar por qué algunos gatos pueden rechazar una comida recién sacada de la heladera, aunque sea exactamente el mismo alimento que comen habitualmente.
EL SABOR NO ES TODO: LA TEXTURA TAMBIÉN DECIDE

La ciencia de la alimentación animal muestra que la palatabilidad es un fenómeno mucho más complejo que el simple gusto.
La textura, la humedad, el aroma y las sensaciones que genera el alimento en la boca intervienen en la decisión de comer. Las investigaciones sobre alimentos para mascotas utilizan incluso pruebas específicas para determinar qué productos son preferidos por perros y gatos.
Esto también explica algunos comportamientos que pueden desconcertar a los dueños. Un animal puede acercarse con interés, oler la comida y finalmente no comerla porque alguno de esos estímulos no coincide con sus preferencias.
En los gatos, particularmente, la textura puede ser determinante y puede provocar rechazo incluso cuando el aroma resulta atractivo.
DOS ANIMALES, DOS “MUNDOS SENSORIALES”
La investigación científica plantea una conclusión interesante: no existe una única manera de experimentar la comida.
Los humanos tendemos a interpretar las preferencias de nuestras mascotas desde nuestros propios sentidos. Sin embargo, perros y gatos viven una experiencia sensorial diferente, moldeada por su evolución y sus necesidades nutricionales. Un alimento que para una persona tiene poco olor puede ser extremadamente intenso para un perro, mientras que un sabor dulce que resulta atractivo para un humano simplemente no existe para un gato.
Comprender estas diferencias también tiene una aplicación práctica. La aceptación constante de un alimento es importante para que una mascota reciba los nutrientes que necesita, por lo que conocer cómo funcionan sus sentidos permite desarrollar dietas que no solamente sean nutricionalmente adecuadas, sino también aceptadas por los animales.
En definitiva, cuando un perro olfatea durante un largo rato su plato o un gato decide ignorar una comida que antes aceptaba, no necesariamente está siendo “caprichoso”. Está respondiendo a un complejo sistema de señales de olor, sabor, textura y temperatura que poco tiene que ver con la experiencia gastronómica humana.
Fuentes consultadas
- Diario UNO – La ciencia revela cómo perros y gatos perciben el sabor y los aromas de su comida
- Chemical Senses – Taste receptors and their ecological niches: cats, dogs, and other vertebrates
- Journal of Food Science – Measuring palatability of pet food products
- Animals – Drivers of Palatability for Cats and Dogs
- Royal Canin Argentina – Sistema digestivo y sentido del gusto de los gatos