MURIÓ “EL POLACO” RIEMERSMA, EL PROTECCIONISTA QUE DEDICÓ CASI DOS DÉCADAS AL RESCATE DE ANIMALES

MURIÓ “EL POLACO” RIEMERSMA, EL PROTECCIONISTA QUE DEDICÓ CASI DOS DÉCADAS AL RESCATE DE ANIMALES

Eduardo Groh Riemersma, conocido como “El Polaco”, falleció a los 49 años tras sufrir un accidente con su motocicleta en Santiago del Estero. Era fundador de El Montecito de los Canichones, un refugio dedicado al rescate de perros abandonados y maltratados. Su muerte generó conmoción y abrió interrogantes sobre el futuro de los cientos de animales que estaban bajo su cuidado.

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Por Don Pancho 28 de agosto de 2026

La comunidad proteccionista de Santiago del Estero atraviesa horas de conmoción tras la muerte de Eduardo Groh Riemersma, conocido popularmente como “El Polaco”, quien falleció a los 49 años luego de protagonizar un accidente de tránsito mientras circulaba en motocicleta por la capital provincial.

El siniestro ocurrió durante la tarde del jueves 27 de agosto en inmediaciones de la intersección de avenida Alsina y Ramón Gómez Cornet. Según la información difundida hasta el momento, Riemersma perdió el control de la motocicleta y cayó sobre la calzada. Fue asistido y trasladado de urgencia al Hospital Regional, donde ingresó sin signos vitales. La investigación quedó a cargo de la Justicia, que dispuso peritajes y el relevamiento de cámaras de seguridad para determinar las circunstancias del hecho.

La noticia tuvo una repercusión particular por la trayectoria de la víctima. Durante casi dos décadas, Riemersma estuvo al frente de El Montecito de los Canichones, un espacio dedicado al rescate, recuperación y cuidado de perros que habían sido abandonados, maltratados, estaban enfermos o presentaban discapacidades.

El refugio se convirtió con los años en uno de los principales referentes del proteccionismo animal de Santiago del Estero. Su trabajo no se limitaba a recibir animales: también impulsaba rescates, tratamientos veterinarios, castraciones y acciones destinadas a promover la tenencia responsable de mascotas.

La magnitud de la tarea desarrollada por Riemersma se refleja en distintos testimonios difundidos después de su muerte. En una conversación que se conoció tras el fallecimiento, el propio proteccionista había señalado que durante los últimos 21 años habían pasado por su vida alrededor de 25.000 perros. La cifra permite dimensionar la escala de una actividad que se convirtió en el principal proyecto de su vida.

Su muerte también generó una preocupación inmediata por los animales que permanecen en el refugio. Las distintas publicaciones realizadas después del accidente mencionaron cantidades diferentes, desde alrededor de 250 hasta más de 600 e incluso más de 800 animales vinculados al espacio. La diferencia responde a las distintas referencias sobre los perros que se encuentran actualmente en el refugio y aquellos que forman parte de la red de animales asistidos por la organización. En todos los casos, se trata de cientos de animales que necesitan alimentación, atención veterinaria y cuidados permanentes.

La continuidad de El Montecito de los Canichones aparece así como uno de los principales desafíos posteriores a la muerte de su fundador. Riemersma concentraba buena parte de la organización y coordinación de las tareas, aunque también contaba con colaboradores, voluntarios, veterinarios y personas que contribuían al sostenimiento del refugio.

En medio de la conmoción también tomó relevancia uno de los proyectos que el proteccionista tenía previsto desarrollar en los próximos años. En mensajes compartidos por una amiga apareció su intención de impulsar para 2028 la creación de un hospital veterinario público en Santiago del Estero, con especial atención en castraciones masivas y atención gratuita para animales.

La propuesta formaba parte de una visión más amplia sobre la protección animal. Riemersma consideraba que la atención veterinaria pública podía contribuir a reducir el abandono y controlar la reproducción de animales en situación de calle, al mismo tiempo que permitiría atender casos que actualmente dependen de organizaciones y particulares.

Tras conocerse la noticia, organizaciones, voluntarios y vecinos comenzaron a expresar su reconocimiento por la tarea realizada durante años. También se organizó una convocatoria para homenajearlo en el lugar donde ocurrió el accidente, con la propuesta de encender velas y asistir junto a algunos de los perros que formaron parte de su historia.

La muerte de “El Polaco” deja así una doble preocupación: el dolor por la pérdida de uno de los referentes del proteccionismo animal santiagueño y la necesidad de garantizar la continuidad de una tarea que durante años estuvo asociada directamente a su figura.

Su legado queda ligado a miles de animales rescatados y a una iniciativa que buscaba transformar la atención veterinaria en una herramienta de alcance público. El desafío que comienza ahora será sostener ese trabajo y encontrar la forma de que los proyectos que impulsó puedan continuar más allá de su ausencia.

Fuentes consultadas

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