MILEI SE NIEGA A RECONOCER EL TRIUNFO DE LULA Y SU VOCERO MIENTE PARA JUSTIFICARLO
Mientras Uruguay, México, Paraguay y hasta Macri saludaron al presidente brasileño reelecto, la Casa Rosada se esconde detrás de una falsedad: que Lula no tuvo “ningún gesto” cuando Milei ganó en 2023. Lo tuvo, y quedó escrito.
La democracia tiene rituales simples, y el más elemental es reconocer a quien ganó. El domingo 25 de octubre, Luiz Inácio Lula da Silva se impuso en el balotaje brasileño con el 51,79% de los votos contra el 48,21% de Flávio Bolsonaro, una diferencia de más de cuatro millones de sufragios. Fue además una remontada inédita: ningún candidato que terminara segundo en la primera vuelta había logrado dar vuelta un balotaje desde el fin de la dictadura. Dos días después, el Gobierno argentino sigue sin decir una palabra.
El silencio no es casual ni inocente. En las horas posteriores al triunfo, los gobiernos de Uruguay, Paraguay, Bolivia y México, entre otros, felicitaron a Lula. También lo hizo el PRO de Mauricio Macri, que se diferenció del oficialismo. Milei, en cambio, optó por el mutismo. Y según se informó, la noche del escrutinio había compartido en sus redes un mensaje que sugería que Lula “quiere robar las elecciones”. Insinuar fraude sin pruebas sobre un proceso electoral ajeno, y callar cuando ese proceso termina, es una forma de desconocer la voluntad popular.

Este martes, en la conferencia de prensa de la Casa Rosada, el vocero Adrián Ravier confirmó que no habrá comunicado oficial. Su argumento fue una frase para el archivo: aseguró que el Presidente “no es un hipócrita” y que la diferencia ideológica entre ambos mandatarios es real. Para reforzarlo, agregó que en 2023, cuando Milei fue elegido, Lula no tuvo ningún gesto para saludarlo.
Eso es falso, y se comprueba en dos minutos. La noche del 19 de noviembre de 2023, apenas conocido el resultado, Lula escribió en su cuenta de X que “la democracia es la voz del pueblo” y que siempre debe ser respetada. Deseó buena suerte y éxito al nuevo gobierno, dijo que Argentina es un gran país que merece todo el respeto de Brasil y ofreció trabajar juntos con los “hermanos argentinos”. Pese a que en la campaña Milei lo había tildado de “comunista”, “corrupto” y otros agravios, DaSilva reconoció su triunfo y le brindó aquellas palabras. Respetó al electorado argentino y tendió la mano. Llamar a eso “ningún gesto” no es una interpretación: es una mentira dicha desde el atril oficial.
La ironía es difícil de ignorar. Quien invoca la hipocresía para negarse a saludar es quien necesita desmentir un hecho documentado para justificarse. Y si la ideología fuera de verdad el criterio, habría que explicar por qué otros gobiernos de signo distinto al de Lula cumplieron con el protocolo sin que nadie los acusara de nada.

Tampoco es un episodio aislado. Este año Milei viajó a San Pablo para respaldar a Flávio Bolsonaro y, sin nombrarlo, llamó a Lula “ladrón” y “presidiario”. Brasil respondió con una crisis diplomática: su cancillería calificó los dichos de “graves e inaceptables” y retiró presencia diplomática en Buenos Aires. Lula pidió que nadie de afuera intente interferir en las elecciones brasileñas. Ahora que las urnas le dieron la razón a quien Milei atacó, el Presidente argentino no solo pierde la apuesta: se niega a admitirlo.
Ravier sostiene que la diplomacia continúa y que el vínculo con Brasil no corre riesgo. Conviene tomarlo con cautela. Brasil es el principal socio comercial de la Argentina y el mayor socio del Mercosur, y de ese intercambio dependen empresas y economías regionales de todo el país. Se puede discrepar ideológicamente con un presidente sin convertir la cortesía democrática en un castigo personal, y sin poner en juego la relación con el vecino más importante.
Reconocer un triunfo no es adherir a quien lo logró. Es aceptar que el pueblo de otro país decidió, y que esa decisión merece respeto aunque no nos guste.