LULAZO EN BRASIL: INACIO LULA DA SILVA SERÁ PRESIDENTE POR CUARTA VEZ
Con las urnas escrutadas al 99%, Lula da vuelta el resultado de la primera vuelta y derrota a Flávio Bolsonaro en un balotaje decidido por unos dos puntos. Falta la confirmación oficial del TSE.
Luiz Inácio Lula da Silva volvió a imponerse en las urnas y, según la proyección de Datafolha, será presidente de Brasil por cuarta vez. Con casi la totalidad de las mesas escrutadas, el mandatario del Partido de los Trabajadores (PT) rondaba el 51% de los votos válidos frente al 49% del senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal. Al cierre de las fuentes consultadas faltaba la confirmación matemática del Tribunal Superior Electoral.
El recuento fue un cabeza a cabeza. Flávio encabezó los primeros tramos y llegó a aventajar a Lula por más de 260.000 votos cuando se había computado cerca de un tercio de las mesas. La tendencia se revirtió pasada la mitad del escrutinio. Con el 72,77% de las secciones contadas, Lula sumaba 64.060.216 votos (51,75%) contra 59.719.617 de su rival (48,25%), una diferencia superior a 4,3 millones. Los brasileños en el exterior, cuyo voto se conoció antes, también se inclinaron por el presidente.
El resultado cierra una campaña que empezó con Lula en desventaja. En la primera vuelta del 4 de octubre, Flávio se impuso con el 47,03% de los votos válidos contra el 45,16% del mandatario, unos 2,2 millones de votos de diferencia. Las encuestas ya habían subestimado entonces al candidato conservador. En la recta final, los sondeos mostraban un empate técnico: Datafolha lo medía 50% a 50% el jueves, y los mercados de apuestas daban a Flávio una probabilidad cercana a 77%. Medios brasileños destacaron que ningún candidato había ganado un balotaje desde 1989 tras terminar segundo en la primera vuelta.

La campaña fue áspera. Lula, que busca un mandato que dijo que sería el último y que cumplirá 81 años este martes, calificó a su rival de “mentiroso, miliciano y descalificado”. Flávio, hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, preso por intento de golpe, apostó al rechazo al PT, anticipó que “el Brasil quiere cambio” y propuso un recorte de gasto, el llamado “tesouraço”, de unos 200.000 millones de reales. Lula lo cuestionó con insistencia: afirmó que ese ajuste recaería sobre los más pobres y lo comparó con las medidas del presidente argentino, Javier Milei.
La jornada tuvo sus tensiones. Lula denunció “obstáculos” para votar en transporte público en ciudades como San Pablo y Salvador de Bahía, y pidió ampliar el horario. El Supremo Tribunal Federal extendió la votación por dos horas, una decisión que sectores del bolsonarismo cuestionaron al hablar de un discurso de “golpe de Estado” y agitar sospechas de fraude. La abstención, en tanto, bajó más de dos puntos respecto de la primera vuelta, según el recuento parcial del TSE.
Con una victoria de esta magnitud, Lula reedita el escenario de 2022, cuando derrotó a Jair Bolsonaro con 50,9% contra 49,1%, y vuelve a recibir un país dividido casi por mitades. Tendrá que gobernar con una Selic de 13,75%, inflación cercana al 5% y un crecimiento de alrededor de 1,9%, en un contexto en el que la oposición, con Flávio a la cabeza, demostró una fuerza considerable.

Para la Argentina, el resultado importa por varias vías. Brasil es el principal socio comercial del país: absorbió el 12,6% de las exportaciones argentinas del primer semestre. El Gobierno de Milei había mostrado su apoyo a Flávio, y buena parte del mercado se posicionó en las últimas semanas para un triunfo del senador. El viernes, el índice MSCI Merval subió 4,4% y el riesgo país cerró en torno a los 707 a 710 puntos, un máximo en un año. La reacción de este lunes, cuando abran los mercados, será la primera prueba de cómo se reacomodan esas expectativas, y no es posible anticipar su dirección con certeza.
Lo que sí está claro es la dimensión política del desenlace. Lula revirtió una desventaja de dos puntos, evitó el regreso del bolsonarismo al poder en su versión más competitiva y llegará a Planalto, si el TSE confirma el resultado, con la tarea de reunificar un país partido y con la última chance de un líder de 81 años que ya dijo que no volverá a presentarse.