LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL YA SE METE EN LA CARDIOLOGÍA, PERO MENDOZA TODAVÍA ENFRENTA UN GRAN DESAFÍO

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL YA SE METE EN LA CARDIOLOGÍA, PERO MENDOZA TODAVÍA ENFRENTA UN GRAN DESAFÍO

La tecnología puede colaborar en la interpretación de electrocardiogramas, ecografías y otros estudios médicos, pero su incorporación habitual en Mendoza todavía es limitada. Un especialista de la provincia explicó cuáles son sus beneficios, los riesgos de confiar ciegamente en sus respuestas y por qué el médico seguirá siendo clave en la atención de los pacientes.

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Por Don Pancho 2 de noviembre de 2026

La inteligencia artificial avanza en la medicina y comienza a transformar la manera de analizar estudios, detectar posibles enfermedades y acompañar las decisiones clínicas. Sin embargo, aunque estas herramientas ya están disponibles en distintas partes del mundo, su incorporación a la práctica cotidiana de la cardiología en Mendoza todavía enfrenta importantes obstáculos.

El debate no gira únicamente alrededor de lo que la tecnología puede hacer, sino también de cuánto se puede confiar en sus resultados, qué instituciones tienen recursos para implementarla y hasta dónde puede intervenir sin poner en riesgo la seguridad de los pacientes.

Matías Arrupe, médico cardiólogo y miembro directivo de la Sociedad de Cardiología de Mendoza, analizó el escenario actual y explicó que la inteligencia artificial ya forma parte de las consultas de muchas personas, incluso antes de que lleguen al consultorio.

Según el especialista, es cada vez más habitual que los pacientes recurran a estas herramientas para buscar información sobre síntomas, posibles enfermedades y tratamientos. No obstante, esa búsqueda inicial no reemplaza la evaluación médica: el profesional debe interpretar los antecedentes, examinar a la persona y determinar qué información resulta relevante para cada caso.

¿Qué tan avanzada está la inteligencia artificial en Mendoza?

En cardiología existen plataformas capaces de colaborar en la interpretación de electrocardiogramas y ecografías cardíacas, además de generar informes que pueden servir como apoyo para los especialistas.

Estas aplicaciones tienen potencial para agilizar determinadas tareas, detectar patrones y ayudar a identificar señales que merecen una evaluación más profunda. En algunos contextos, el análisis automatizado también puede contribuir a ordenar grandes cantidades de información médica.

Sin embargo, Arrupe advirtió que estas herramientas todavía no se encuentran incorporadas de manera habitual en la mayoría de las instituciones de Mendoza. Su utilización depende, entre otros factores, de los recursos económicos, la infraestructura disponible y la capacidad de los centros médicos para integrar nuevas tecnologías a sus procedimientos.

El costo de implementación constituye una barrera importante. No alcanza con disponer de un programa informático: también se necesitan equipos compatibles, capacitación profesional, protocolos de utilización y mecanismos para comprobar que los resultados sean confiables.

Por eso, la discusión sobre la inteligencia artificial en salud también está vinculada con el acceso. Si estas soluciones quedan limitadas a instituciones con grandes presupuestos, sus beneficios podrían distribuirse de manera desigual entre los pacientes.

El riesgo de confiar en respuestas que pueden ser incorrectas

Uno de los principales límites de la inteligencia artificial es que puede ofrecer información equivocada o presentar conclusiones con una seguridad que no siempre está respaldada por evidencia científica.

En medicina, ese problema adquiere una dimensión especial. Una interpretación incorrecta puede generar preocupación innecesaria, demorar una consulta o llevar a una persona a tomar decisiones inadecuadas sobre su salud.

Arrupe sostuvo que los profesionales deben contrastar las respuestas de estas plataformas con bibliografía confiable y estudios científicos. También destacó la importancia de revisar las fuentes utilizadas y comprobar si la información está actualizada.

La recomendación alcanza tanto a los médicos como a los pacientes. Consultar una herramienta de inteligencia artificial puede servir para comprender un término médico o preparar preguntas para una consulta, pero no debería utilizarse como sustituto de un diagnóstico ni como fundamento único para iniciar, suspender o modificar un tratamiento.

En el caso de los cardiólogos, la interpretación de un estudio requiere considerar el cuadro completo: los síntomas, la edad, los antecedentes personales, los medicamentos y otros factores que pueden modificar el significado de un resultado.

La tecnología puede aportar datos, pero la decisión clínica necesita contexto y supervisión profesional.

La robótica también empieza a ganar terreno

La transformación tecnológica de la medicina no se limita al análisis automatizado de estudios. La robótica también está ganando espacio en determinados procedimientos quirúrgicos y abre nuevas posibilidades para intervenciones de alta complejidad.

Arrupe señaló que en Mendoza ya existen especialistas que trabajan con instrumental robótico y profesionales que se están capacitando para utilizar estos sistemas.

Entre los beneficios potenciales se encuentran una mayor precisión en determinados movimientos, la posibilidad de reducir el tiempo de algunas intervenciones y una recuperación más favorable en procedimientos específicos. No obstante, los resultados dependen del tipo de cirugía, la experiencia del equipo y las características de cada paciente.

La incorporación de estos recursos exige formación y adaptación. Los profesionales deben aprender a trabajar con nuevas interfaces y comprender tanto sus capacidades como sus limitaciones.

En ese escenario, mantenerse al margen de la evolución tecnológica podría significar perder oportunidades para mejorar determinados procesos médicos. Pero incorporar equipos por sí solo tampoco garantiza mejores resultados: es indispensable que exista evidencia sobre su utilidad y que se utilicen bajo protocolos adecuados.

¿La inteligencia artificial puede reemplazar al médico?

La posibilidad de que una máquina termine reemplazando a los profesionales es una de las preocupaciones que acompañan este avance. Para Arrupe, sin embargo, la perspectiva más útil es entender la inteligencia artificial como una herramienta complementaria.

El especialista destacó que la atención médica incluye mucho más que interpretar imágenes o procesar datos. También requiere escuchar al paciente, comprender sus preocupaciones, explicar las alternativas disponibles y construir una relación de confianza.

En determinadas áreas, como la radiología y la dermatología, los sistemas de inteligencia artificial ya pueden colaborar en la detección de patrones a partir de imágenes. Eso no significa que puedan asumir automáticamente todas las responsabilidades del profesional ni resolver por sí solos cada situación clínica.

El desafío consiste en combinar la capacidad de procesamiento de la tecnología con la experiencia, el razonamiento y la responsabilidad del médico.

La inteligencia artificial podría, además, reducir parte del tiempo dedicado a tareas administrativas y permitir que los especialistas dispongan de más espacio para atender a sus pacientes. Para que ese beneficio se concrete, será necesario integrar las herramientas de manera segura y evitar que la automatización agregue nuevas dificultades al trabajo cotidiano.

Mendoza tiene por delante el desafío de avanzar en la incorporación de estas tecnologías sin descuidar la capacitación, los costos y la seguridad clínica. La inteligencia artificial ya ofrece posibilidades concretas para la cardiología, pero su verdadero aporte dependerá de cómo se implemente, quiénes puedan acceder a ella y qué controles acompañen su utilización.

Por ahora, el mensaje de los especialistas es claro: la tecnología puede ayudar a mejorar la medicina, pero no debe reemplazar el criterio profesional ni convertirse en la única fuente para tomar decisiones sobre la salud.

Fuentes consultadas

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