ESE TESORO QUE NADIE SABE DONDE ESTÁ: LAS CONTRADICCIONES DE BAUSILI Y UN AGUJERO DE 1.000 MILLONES DE DÓLARES
El titular del Banco Central aseguró ante el Senado que los lingotes enviados al exterior en 2024 terminaron en Suiza para su refundición. Fuentes del propio organismo sostienen que, en realidad, el oro está depositado en Londres y que fue usado en operaciones financieras que generaron pérdidas millonarias que la Auditoría General de la Nación reclama, sin éxito, que se expliquen.
Lo que empezó como una explicación técnica sobre el traslado de reservas terminó convertido en un problema serio de transparencia para el Banco Central. En junio y agosto de 2024, cuatro camiones blindados salieron de la sede de Reconquista 266 rumbo al aeropuerto de Ezeiza, sin custodia policial visible, para embarcar en vuelos de British Airways trece toneladas de oro argentino: mil lingotes valuados, a los precios actuales del metal, en cerca de 1.800 millones de dólares. La orden de traslado llevaba la firma del propio presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
Ante el Senado, Bausili justificó la operación asegurando que el oro fue enviado al Banco de Pagos Internacionales (BIS), con sede en Basilea, Suiza, para reconvertir lingotes viejos de baja calidad —producidos entre las décadas del 60 y el 90— en piezas nuevas de pureza certificada. Agregó, además, que todo el proceso había sido auditado y aprobado por la Auditoría General de la Nación. Ninguna de las dos afirmaciones resiste demasiado el contraste con la información disponible.
Lo que dicen las fuentes del propio Central
Según reveló una fuente del Banco Central a un medio nacional, el oro no está en Suiza sino depositado físicamente en el Banco de Inglaterra, en Londres, aunque a nombre de una cuenta del BIS. De los mil lingotes enviados, apenas 115 fueron efectivamente refundidos por su baja calidad, con una pérdida menor. El resto, todo indica, quedó afectado a dos operaciones financieras: una como garantía de una compra de futuros y otra bajo la modalidad de Repo, es decir, una venta temporaria con compromiso de recompra mientras el dinero obtenido se coloca a interés en otro lado.
El resultado de esas maniobras fue, lejos de la "operación financiera de magníficos resultados" que describió el ministro de Economía, Luis Caputo, una pérdida cercana a los 1.000 millones de dólares, explicada en parte por la suba explosiva del precio del oro, que pasó de 2.000 a más de 4.400 dólares la onza en apenas dos años. La propia AGN, al analizar los balances 2025 del Central, le exigió formalmente a Bausili que "exponga de manera clara y diferenciada las pérdidas derivadas de las operaciones con el oro". Hasta el momento, el BCRA no accedió a hacerlo.
Contexto: una historia con antecedentes judiciales
El caso no es nuevo ni aislado. El propio traslado del oro en 2024 ya había derivado en una causa judicial: el juez federal Sebastián Casanello procesó a Bausili por "negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública" y le trabó un embargo de 110.000 dólares. Ahora, a la sospecha inicial sobre el destino del oro se le suma la contradicción manifiesta entre dos funcionarios de primera línea: mientras Caputo celebró públicamente el rédito financiero de sacar el oro "a trabajar" fuera del país, Bausili sostuvo ante los senadores una versión centrada en la calidad de los lingotes que, según las propias fuentes del organismo que preside, no se condice con lo que realmente ocurrió con las reservas.
Lo que queda, en definitiva, es una reserva estratégica del país —trece toneladas de oro que en teoría respaldan la solidez del Banco Central— sometida a maniobras financieras de alto riesgo, con pérdidas millonarias que el propio organismo de control del Estado no logra que se le expliquen con claridad. Mientras tanto, la ciudadanía sigue esperando una respuesta que, por ahora, el Banco Central prefiere seguir demorando.
Fuentes: Infrome Auditoria AGN, INfobae, Página 12, Tiempo Argentino