EL PIBE QUE LE PUSO GUANTES A UN SUEÑO: JOAQUÍN BIZAGUIRRE, ARQUERO DE MONTECASEROS, FUE LA VALLA MENOS VENCIDA DE LA LIGA

EL PIBE QUE LE PUSO GUANTES A UN SUEÑO: JOAQUÍN BIZAGUIRRE, ARQUERO DE MONTECASEROS, FUE LA VALLA MENOS VENCIDA DE LA LIGA

Con solo 17 años, Joaquín Bizaguirre se convirtió en la valla menos vencida de la Reserva de la Liga Rivadaviense defendiendo los colores de Lobo del Norte. En un distrito rural donde el fútbol se juega entre potreros y promesas de grandeza, Ruta Siete Digital dialogó con él sobre atajadas, pertenencia y el sueño de ser grande sin dejar de ser de acá.

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Por Evelyn Peralta 11 de agosto de 2026

Hay pueblos donde el fútbol no es solo un deporte: es una forma de estar en el mundo. Montecaseros es uno de esos lugares. Entre calles de tierra y la vida a paso lento, un pibe se calza los guantes cada fin de semana y sale a defender algo más que un arco: sale a defender el orgullo de un distrito entero que lo mira crecer.

Joaquín Bizaguirre, arquero de 17 años de Lobo del Norte, terminó el torneo como el guardameta con la valla menos vencida de la Reserva de la Liga Rivadaviense. Un logro que, admite, no esperaba.

"No, no me lo esperaba la verdad, porque tuvimos la mala suerte de perder algunos partidos y aun así terminamos con menos goles recibidos que el resto de los equipos. El día de hoy estoy muy contento y orgulloso de haber logrado ser el arquero menos vencido", contó Joaquín, todavía sorprendido por la noticia.

Cuenta que se enteró casi de casualidad, que no lo podía creer, y que lo primero que hizo fue llamar a su familia para compartirlo. "Me dio la noticia mi profesor y se la conté a mi mamá, y ese día terminé siendo muy feliz", recordó.

"TODO EL PUEBLO ES HINCHA DEL LOBO"

En Montecaseros, dice, no se habla de otra cosa. "Todo el pueblo es hincha del Lobo, y la gente me saluda y me felicita cuando me cruza en la calle", relató Joaquín, que asegura sentir en carne propia el cariño de su comunidad. Ser la valla menos vencida, aclara con humildad, no es solo mérito suyo: reconoció que gran parte del logro también es de sus compañeros de defensa, que lo bancaron partido a partido.

LOS PRIMEROS GUANTES

Como en toda historia de barrio, todo empezó de chico. "Sí, me acuerdo. Jugaba en el club de chiquito y el profesor Darío Ibáñez me invitó a atajar. Ahí me regalaron mis primeros guantes, y desde ese momento no paré de entrenar hasta lograr hacer buenas atajadas", relató Joaquín sobre sus comienzos bajo los tres palos.


[FOTO: Bizaguirre en plena atajada]

"ES EL CLUB DE MI VIDA"

El reconocimiento, dice, es también de otros. "Se lo dedico a mi familia y a las personas que siempre estuvieron presentes", expresó sobre quienes lo bancaron en cada entrenamiento y cada domingo de cancha.

Y cuando se le pregunta qué representa Lobo del Norte y Montecaseros en su vida, no duda: "Es el club de mi vida, el club que conocí y el que me dio la oportunidad de crecer como jugador y como persona".

Esa frase resume, quizás, lo que significa el fútbol en los pueblos del interior mendocino: no es solo un partido los domingos, es una identidad. Es el lugar donde un pibe de un distrito rural puede soñar con ser grande sin necesidad de irse, defendiendo un arco que —por ahora, al menos— nadie pudo vencer.

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