La crisis que atraviesa la vitivinicultura mendocina continúa profundizándose y ya comienza a reflejarse en el paisaje productivo de la provincia. Productores nucleados en distintas entidades advirtieron que cada vez son más las fincas que dejan de trabajarse debido a la falta de rentabilidad y a la imposibilidad de afrontar los costos que demanda mantener un viñedo.
Según los referentes del sector, el precio que reciben por la uva y el vino no alcanza para cubrir los gastos de producción. A esto se suman los incrementos en insumos, energía, combustibles y mano de obra, además de la caída del consumo interno y las dificultades para exportar en un mercado internacional cada vez más competitivo.
Los pequeños y medianos viñateros son quienes enfrentan el escenario más complejo. Muchos optan por reducir la inversión en las fincas, mientras que otros directamente abandonan la actividad al no poder sostener los costos mínimos para mantener los cultivos. Desde el sector advierten que esta situación no solo afecta a los productores, sino también al empleo rural y a toda la cadena vitivinícola mendocina.
Los representantes de los viñateros solicitaron políticas públicas que permitan recuperar la rentabilidad de la actividad. Entre los principales reclamos figuran medidas de financiamiento, alivio impositivo, incentivos para la producción y herramientas que ayuden a mejorar la competitividad del vino argentino tanto en el mercado interno como en el exterior.
La vitivinicultura representa una de las principales actividades económicas de Mendoza y constituye una fuente de empleo para miles de familias. Por eso, los productores consideran que el abandono de fincas no solo implica una pérdida económica, sino también un riesgo para la identidad productiva de la provincia si la tendencia continúa profundizándose.