CRISIS LABORAL: EL EMPLEO FORMAL CUMPLE CATORCE MESES EN BAJA Y MENDOZA SIENTE EL IMPACTO
Un reciente informe técnico revela que el mercado de trabajo registrado acumula una pérdida masiva de puestos en todo el país. La contracción del sector privado golpea con fuerza a las economías regionales, posicionando a distritos como Mendoza entre los más afectados por la retracción mensual.
El mercado de trabajo formal en la Argentina atraviesa una etapa de prolongada contracción que enciende luces de alerta en el entramado socioeconómico del país. De acuerdo con los datos difundidos por el Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, el empleo asalariado registrado completó catorce meses consecutivos de caída, acumulando un saldo negativo de proporciones considerables desde finales de 2023. Esta tendencia contractiva profundiza la vulnerabilidad de los hogares y expone un marcado desacople entre los indicadores generales de actividad económica y la capacidad real del sector privado para generar y sostener puestos de trabajo de calidad.
El núcleo principal del deterioro se concentra en las empresas privadas, un segmento que desde hace más de un año sufre una sangría constante de dotaciones de personal. Desde el cambio de ciclo de gestión nacional, la destrucción acumulada en este sector asciende a cientos de miles de puestos perdidos, lo que refleja la complejidad que enfrentan las PyMEs y las grandes firmas para mantener sus nóminas ante la suba de costos operativos y la retracción del consumo interno.
Al analizar el comportamiento por ramas de actividad, el impacto no se distribuye de manera homogénea, pero castiga con especial dureza a los pilares tradicionales de la producción y el intercambio comercial. La construcción continúa registrando niveles críticos cercanos a sus pisos históricos, arrastrada por la parálisis de la obra pública y el freno en las inversiones privadas de infraestructura. Por su parte, la industria manufacturera y el comercio minorista acumulan numerosas mediciones mensuales en negativo, explicando el mayor volumen de despidos y suspensiones directas. En contraste, los pocos nichos que logran mostrar signos expansivos se limitan a sectores específicos y de enclave geográfico muy acotado, como la minería o la explotación hidrocarburífera en cuencas patagónicas, dejando al resto de las jurisdicciones expuestas a una dinámica recesiva generalizada.

En este escenario nacional adverso, las economías provinciales sufren de manera directa las consecuencias del ajuste del mercado laboral. Informes técnicos recientes señalan que distritos con alto peso comercial y vitivinícola en la región cuyana figuran entre los más castigados por el retroceso mensual de la ocupación formal. La caída de la demanda interna, sumada al incremento de los costos fijos y a la contracción del poder adquisitivo, diluye la capacidad de las empresas locales para absorber mano de obra, provocando que los trabajadores busquen alternativas de supervivencia en la informalidad o mediante esquemas de pluriempleo.
La contracción del empleo registrado viene acompañada además por una fuerte erosión en los ingresos de los sectores más vulnerables de la pirámide laboral. Mientras que el salario mínimo real ha tocado mínimos históricos comparables a los registrados en crisis estructurales de décadas pasadas, las remuneraciones promedio del sector privado muestran recuperaciones marginales que apenas logran empatar la inflación acumulada, sin reflejar un alivio genuino para las familias.
La persistencia de este panorama plantea desafíos mayúsculos para la sostenibilidad social. La falta de creación de empleo formal en paralelo a un incremento en los niveles de precarización demuestra que la reactivación macroeconómica, por sí sola, no está logrando reparar el tejido productivo básico. Urge articular políticas de estímulo y contención regional que protejan las fuentes laborales existentes y eviten que la crisis del empleo se traduzca en un retroceso definitivo de la movilidad social en el interior del país.