CONSUMO EN ARGENTINA: CRECE EL GASTO PRIVADO, PERO LOS ARGENTINOS COMPRAN MENOS Y EL HUMOR SOCIAL SE RESIENTE

CONSUMO EN ARGENTINA: CRECE EL GASTO PRIVADO, PERO LOS ARGENTINOS COMPRAN MENOS Y EL HUMOR SOCIAL SE RESIENTE

La economía muestra una recuperación que no llega de la misma manera a todos. Mientras el gasto privado alcanza niveles elevados, el consumo masivo volvió a caer y las familias ajustan sus compras, resignan gastos y miran cada vez más el precio antes de llevar un producto.

#Argentina #Economía #Consumo
Por Joaquín Duscio 9 de agosto de 2026

La economía argentina atraviesa una de sus mayores contradicciones de los últimos meses: los datos generales muestran un crecimiento del gasto privado, pero las ventas de productos de consumo cotidiano continúan retrocediendo. La diferencia entre ambas realidades expone una brecha cada vez más visible entre la recuperación de algunas variables macroeconómicas y lo que sucede en supermercados, almacenes, kioscos y comercios de barrio.

El consumo masivo volvió a dar una señal negativa en junio. Según datos de la consultora Scentia, las ventas de productos de consumo cotidiano cayeron 2,7% interanual en volumen, mientras que el acumulado del primer semestre registró una baja del 2,9%. Además, el nivel de junio quedó aproximadamente 17% por debajo del registrado en enero de 2023, cuando se toma el volumen como referencia.


El dato adquiere mayor relevancia porque el consumo masivo representa alrededor de US$33.500 millones, equivalente a aproximadamente el 7% del consumo privado y el 5% del PBI. Pero, más allá de su peso económico, tiene otra característica: funciona como un termómetro especialmente sensible del estado de ánimo de la sociedad.

Durante el CtB Summit, organizado por la Cámara de Empresas de Investigación Social y de Mercado (CEIM), el titular de Scentia, Osvaldo del Río, remarcó precisamente esa relación entre las compras cotidianas y el humor social. En un contexto electoral, la evolución de este indicador puede ser especialmente importante porque refleja de manera mucho más inmediata cómo las familias perciben su situación económica.

La paradoja del consumo


La contradicción aparece cuando se compara este escenario con los indicadores que muestran una recuperación del gasto privado. El Gobierno de Javier Milei viene destacando el nivel alcanzado por el consumo privado como una señal de recuperación de la economía.

Sin embargo, gastar más dinero no necesariamente significa comprar más productos.

Una parte de la explicación está en los precios y en la composición del gasto. Los hogares pueden desembolsar más pesos que años atrás y, al mismo tiempo, llevar menos unidades de productos. Por eso, para medir el consumo cotidiano, resulta fundamental observar el volumen de las ventas y no solamente el monto facturado.

El comportamiento de junio muestra justamente esa diferencia. Mientras el consumo masivo retrocedió, el comercio electrónico tuvo un crecimiento extraordinario: las ventas online aumentaron alrededor de 41% interanual. El problema es que este canal todavía representa apenas cerca del 3% del volumen total del consumo masivo, por lo que su expansión no alcanza para compensar la caída de los canales tradicionales.

En los comercios físicos, el retroceso fue generalizado. Los kioscos y almacenes de barrio fueron algunos de los más afectados, mientras que también registraron bajas los mayoristas, supermercados de cadena y autoservicios independientes.

La fotografía es la de un consumidor mucho más racional: compra lo indispensable, compara precios, aprovecha promociones, reduce cantidades y posterga aquello que no considera urgente.

Y esa conducta no se limita exclusivamente a los hogares de menores ingresos. Guillermo Oliveto, de la consultora W, señaló que el deterioro del consumo alcanza a distintos estratos sociales y que incluso los sectores de mayores ingresos perciben una pérdida en sus posibilidades de entretenimiento y en la situación de sus empresas.

Menos inflación, pero también menos margen


La desaceleración de la inflación constituye uno de los principales cambios de la economía argentina. En junio, el índice de precios registró una suba mensual del 1,9% y encadenó tres meses consecutivos de desaceleración. Se trata de una mejora significativa frente a los niveles de inflación que caracterizaron años anteriores.

Pero una inflación más baja no implica automáticamente que las familias recuperen su capacidad de compra.

El problema es que los ingresos todavía no acompañan plenamente la estructura de gastos de los hogares. Durante los primeros meses de 2026, el ingreso real acumuló una caída del 1,4%, mientras que el ingreso real disponible (una medida que incorpora el impacto de los gastos fijos) retrocedió 2,8%. En comparación con 2023, ambos indicadores se encuentran todavía por debajo de aquel nivel.

El aumento de las tarifas de servicios públicos también juega un papel central. Aunque la actualización de tarifas forma parte del proceso de reducción de subsidios y corrección de precios relativos, para una familia significa destinar una mayor proporción de sus ingresos a luz, gas, transporte y otros gastos fijos.

Ese dinero deja de estar disponible para comprar alimentos, ropa, salir a comer, entretenerse o realizar otras actividades.

Por eso, la estabilidad macroeconómica puede coexistir con una sensación de deterioro en la economía familiar.

El problema del empleo

A esta situación se suma un mercado laboral más frágil.

El primer trimestre de 2026 cerró con una tasa de desempleo del 7,8%, mientras que la informalidad alcanzó el 44,2%. En ese período se registró una reducción cercana a 200.000 trabajadores formales, parcialmente compensada por el crecimiento de los empleos informales.

El deterioro del mercado laboral también repercute directamente sobre el consumo. Un empleo más precario implica mayor incertidumbre sobre los ingresos futuros y, por lo tanto, una mayor tendencia a cuidar el dinero y evitar gastos considerados innecesarios.

Además, según los datos difundidos en el CtB Summit, el salario registrado se encontraba 8,7% por debajo de noviembre de 2023, mientras que entre los trabajadores públicos la pérdida acumulada alcanzaba el 17,8%.

La preocupación por el trabajo aparece así como uno de los principales factores detrás del malestar económico.

Una economía que funciona a dos velocidades


La situación del consumo no puede separarse de otra característica de la economía argentina de 2026: la recuperación es profundamente desigual entre sectores.

Mientras el agro, la minería y la energía se encuentran entre los sectores que mejor desempeño muestran y aportan buena parte de las divisas que necesita el país, actividades vinculadas al mercado interno (como la industria, el comercio y la construcción) continúan enfrentando dificultades.

Incluso la industria manufacturera mostró en junio una mejora interanual del 2%, según el INDEC, aunque la tendencia-ciclo permaneció estable frente al mes anterior. El dato muestra cierta recuperación, pero todavía no alcanza para hablar de una expansión homogénea de la actividad.

El resultado es una economía que puede presentar números positivos en determinados sectores mientras millones de consumidores siguen sintiendo que el dinero alcanza para menos.

Y allí aparece una de las claves del escenario actual: los sectores que generan dólares no necesariamente son los mismos que generan la mayor cantidad de empleos o impulsan el consumo cotidiano.

El humor social, la otra variable


La caída del consumo masivo no es solamente un problema para supermercados, almacenes o fabricantes. También puede transformarse en una señal política.

Cuando una persona deja de comprar una determinada marca, cambia de supermercado, reduce la cantidad de productos que lleva o directamente elimina una actividad de su presupuesto, la estadística refleja una decisión económica. Pero cuando esas decisiones se repiten durante meses, terminan construyendo una percepción colectiva.

Por eso los especialistas consideran al consumo masivo como uno de los indicadores más sensibles del humor social. La pregunta deja de ser solamente cuánto crece la economía y pasa a ser cuándo esa recuperación empieza a sentirse en la vida cotidiana.

La morosidad de las familias ofrece otra señal de alerta. Un análisis reciente mostró un fuerte incremento de los atrasos en los créditos de los hogares, en un escenario marcado por el crecimiento del endeudamiento, tasas elevadas y una posterior pérdida de ingresos.

Así, la Argentina de 2026 presenta dos fotografías simultáneas: una macroeconomía con mayor estabilidad, menor inflación y sectores exportadores dinámicos; y una economía doméstica donde el consumo masivo continúa debilitado, los ingresos tienen poco margen y las familias deben ajustar sus decisiones.

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