¿CAMPAÑA ANTIARGENTINA O MODA POTENCIADA POR ALGORITMOS? LO QUE MUESTRAN LAS PRUEBAS

¿CAMPAÑA ANTIARGENTINA O MODA POTENCIADA POR ALGORITMOS? LO QUE MUESTRAN LAS PRUEBAS

Desde celebridades como Samuel L. Jackson hasta videos armados con inteligencia artificial, el Mundial 2026 dejó una polémica que excede lo deportivo. Repasamos la evidencia concreta, las voces que la niegan y lo que dicen los especialistas sobre cómo funciona realmente el odio en redes.

Por Alfonso Conrado 23 de julio de 2026

Terminó el Mundial 2026, Argentina se quedó con el subcampeonato tras perder la final ante España, y sin embargo la discusión que más ruido generó en los últimos días no tiene que ver con el resultado deportivo, sino con una pregunta más incómoda: ¿existió una campaña organizada contra la Argentina, o fue simplemente el fútbol funcionando como el combustible perfecto para la maquinaria del odio en redes sociales?

Lo que sí está probado

Hay evidencia concreta de manipulación deliberada durante el torneo, documentada por el sitio de verificación Chequeado. Circuló un video generado con inteligencia artificial que mostraba a hinchas argentinos golpeando a un aficionado mexicano, un episodio que nunca ocurrió. También se difundió un video manipulado que atribuía al diputado Máximo Kirchner críticas contra Emiliano "Dibu" Martínez, armado con imágenes viejas y audio falso, además de capturas apócrifas de un supuesto cruce de mensajes entre Sergio "Kun" Agüero y el padre de Lamine Yamal. A esto se sumó una imagen viral, atribuida a una agencia de comunicación deportiva, que ofrecía pagos a cuentas futboleras de X para instalar narrativas sobre arbitrajes "comprados", aunque su autenticidad nunca terminó de confirmarse de manera fehaciente.

La consultora Ad Hoc, especializada en monitoreo de redes, detectó además que los picos de conversación negativa contra la Argentina coincidieron exactamente con las distintas fases del torneo y se dispararon alrededor de la semifinal ante Inglaterra, un patrón que, según especialistas consultados por medios como El Cronista, resulta compatible tanto con una amplificación algorítmica orgánica como con una coordinación deliberada.



El otro lado: lo que dicen los especialistas en redes

No todos los analistas coinciden en que haya existido una operación centralizada. El consultor en comunicación digital Lucas Malaspina fue categórico en una nota de Infobae: "No voy a decir que hay una operación, que hay un grupo de gente que se juntó para decir vamos a darle a la Argentina. Eso no está comprobado al día de hoy". Para Malaspina, la clave está en la lógica misma de las plataformas: "El sistema de incentivos de las redes sociales hace que los creadores de contenido produzcan material que rinde más si genera enojo o polémica". Según su lectura, Argentina no es un país odiado de forma unánime sino "polarizante", y las redes tienden a mostrar sobre todo el contenido que genera bronca, porque es el que más viraliza, mientras que las muestras de apoyo desde Asia o buena parte de Latinoamérica quedan opacadas por tener menos alcance algorítmico.



El antecedente que le da marco a las sospechas: Cambridge Analytics

Que una parte de la opinión pública argentina sospeche de una manipulación coordinada no surge de la nada. En 2018 se destapó el escándalo de Cambridge Analytica, la consultora británica que accedió sin consentimiento a los datos de unos 87 millones de usuarios de Facebook para construir perfiles psicológicos y dirigirles propaganda política a medida, en campañas como la de Donald Trump en Estados Unidos y el Brexit en el Reino Unido. El caso, retratado en el documental "El gran hackeo" de Netflix, terminó con una multa de 5.000 millones de dólares a Facebook por parte de la Comisión Federal de Comercio norteamericana y demostró, con pruebas y nombres propios, que sí es técnicamente posible construir campañas de manipulación de la opinión pública a gran escala, segmentadas y prácticamente invisibles para quien las recibe. Ese antecedente es clave para entender por qué, ante cualquier ola de crítica digital coordinada en apariencia, buena parte del público ya no descarta de entrada la hipótesis de una operación deliberada, aunque eso no alcance, por sí solo, para probar que ocurrió lo mismo durante el Mundial 2026.



Un terreno abonado por yerros famosos y antecedentes reales

Ninguna de las dos hipótesis explica todo por sí sola, y hay un dato que las conecta: el terreno ya estaba fértil antes de que arrancara el Mundial. Cánticos discriminatorios de jugadores argentinos contra la Selección francesa tras la Copa América 2024, viejas polémicas por presuntos arbitrajes favorables desde Qatar 2022, y la propia gestión de Javier Milei, con su alineamiento internacional con Israel, funcionaron como antecedentes que la conversación digital retomó y amplificó durante las seis semanas de competencia. Eso explica, en parte, por qué mensajes como el de Samuel L. Jackson, quien calificó a la Argentina como "el país más racista del mundo" en una publicación que luego borró, encontraron una audiencia predispuesta a viralizarlos sin verificar demasiado.


¿POdemos hablar de que existe un racismo estructural en nuestro país?

Personas nativas de países con lamentables historias de racismo brutal y segregacionismo, de manera inverosimil y desconocimiento supino, acusan a argentina de racista, lo cual generó también una discusión puertas adentro. Este debate también se coló en la discusión pública argentina. El escritor Martín Caparrós salió a cuestionar la caracterización de la Argentina como el país "más racista del mundo", argumentando que la historia local estuvo más marcada por la discriminación de clase que por una política racial estructurada, y remató con ironía: "No nos resulta fácil ser racistas". El economista Daniel Schteingart aportó un dato de la Integrated Values Survey que ubica a la Argentina entre los países donde menos personas dicen que les molestaría tener un vecino de otra raza, aunque aclaró que ese dato no niega que exista racismo puertas adentro.


La conclusión, para mi, más honesta

Con la evidencia disponible hasta hoy, para mi, lo más preciso que podemos sostener es que hubo un cumulo de hechos.. que ocurrieron a la vez: hubo desinformación comprobada, con videos falsos y manipulados que organismos de verificación pudieron rastrear y desmentir, pero no hay pruebas concluyentes de una operación centralizada y coordinada desde un único origen. Lo que sí parece confirmado es que el ecosistema de las redes sociales, con sus algoritmos que premian la indignación, encontró en la Argentina un blanco perfecto: un país polarizante, con antecedentes reales que alimentar, en un Mundial que multiplicó como nunca antes el alcance global de cada polémica.


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Fuentes consultadas: Chequeado, Infobae, La Nación, El Cronista, C5N, ARGmedios, El Mostrador, Página/12.

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