BEBÉS QUE CONVIVEN CON PERROS PODRÍAN TENER MEJOR SALUD RESPIRATORIA, SEGÚN UN NUEVO ESTUDIO

BEBÉS QUE CONVIVEN CON PERROS PODRÍAN TENER MEJOR SALUD RESPIRATORIA, SEGÚN UN NUEVO ESTUDIO

Una investigación realizada en Finlandia encontró una asociación entre la convivencia con perros durante el primer año de vida y una menor frecuencia de algunos problemas de salud. Los investigadores apuntan al papel que podrían cumplir las bacterias presentes en el polvo de los hogares donde viven mascotas.

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Por Don Pancho 13 de agosto de 2026

Tener un perro en casa podría aportar un beneficio inesperado durante los primeros meses de vida: una mejor salud respiratoria en los bebés.

Así lo plantea una investigación realizada por especialistas del Instituto Finlandés de Salud y Bienestar, que analizó la relación entre la convivencia con perros, los microorganismos presentes en el polvo doméstico y distintos indicadores de salud infantil.

El estudio siguió a 368 niños finlandeses desde el embarazo hasta aproximadamente el primer año de vida. Los investigadores recopilaron información sobre episodios de fiebre, otitis, utilización de antibióticos y convivencia con perros, además de analizar muestras del polvo de los hogares.

¿QUÉ DESCUBRIERON?

Uno de los puntos más interesantes fue que determinados microorganismos asociados a los perros presentes en el polvo de las viviendas parecían explicar una parte de la asociación entre tener un perro y presentar menos problemas respiratorios.

En particular, algunos géneros bacterianos explicaron entre un 10% y un 23% de determinadas asociaciones protectoras observadas. Además, tres géneros bacterianos relacionados explicaron aproximadamente una cuarta parte de la reducción asociada al uso de antibióticos.

La hipótesis apunta a que los perros pueden introducir en el ambiente doméstico una mayor diversidad de microorganismos provenientes del exterior. Esa exposición temprana podría influir sobre el desarrollo del microbioma y del sistema inmunitario del niño.

Pero hay una aclaración importante: el estudio encontró una asociación, no demuestra que tener un perro sea la causa directa de una mejor salud respiratoria.

EL POLVO DE LA CASA, UNA PIEZA CLAVE

La investigación pone el foco en algo que normalmente pasa desapercibido: el polvo que se acumula dentro de las viviendas.

Los hogares con perros presentan microorganismos característicos que pueden llegar desde el exterior a través del animal. Según los investigadores, algunos de ellos podrían estar relacionados con los efectos positivos observados durante el primer año de vida.

Esto se suma a otras investigaciones que estudian cómo la exposición temprana a determinados microorganismos y alérgenos puede influir en el desarrollo de las vías respiratorias y el sistema inmunitario.

Un estudio publicado en 2026 también encontró asociaciones entre la exposición temprana a alérgenos de perro y determinados indicadores posteriores de función pulmonar y asma, aunque este tipo de relaciones son complejas y dependen de múltiples factores.

¿SIGNIFICA QUE TODOS LOS BEBÉS DEBERÍAN TENER UN PERRO?

No necesariamente.

Los resultados no significan que incorporar una mascota sea una recomendación médica para prevenir enfermedades respiratorias. La salud de cada bebé depende de numerosos factores, entre ellos antecedentes familiares, contaminación ambiental, exposición al humo, infecciones, alimentación y condiciones de la vivienda.

Además, en algunos niños la exposición a animales puede generar problemas si existe una alergia u otra condición particular.

Por eso, el hallazgo resulta interesante principalmente desde el punto de vista científico: muestra que los microorganismos que rodean a los bebés durante sus primeros meses podrían tener un papel mucho más importante de lo que se pensaba.

UN VÍNCULO QUE VA MÁS ALLÁ DE LA COMPAÑÍA

El perro suele ser considerado un compañero de juegos y parte de la familia. Ahora, la ciencia comienza a estudiar otra posible dimensión de esa convivencia: su influencia sobre el ecosistema de microorganismos del hogar y, potencialmente, sobre el desarrollo de la salud infantil.

La investigación finlandesa no cierra el debate, pero aporta una nueva pieza para comprender cómo el ambiente en el que crece un bebé puede influir en su organismo desde los primeros meses de vida.

Fuentes consultadas

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