ANÍBAL VILLEGAS, EL PACEÑO QUE AMASA SUS SUEÑOS DE NOCHE Y RECORRE LAS CALLES VENDIENDO PAN CASERO
Con 35 años y una historia marcada por el esfuerzo, Aníbal Villegas encontró en la elaboración artesanal de pan casero y tortitas con chicharrón una forma de salir adelante. Cada noche prepara sus productos a mano y, durante el día, recorre las calles de La Paz en su bicicleta, donde los vecinos ya lo reconocen y lo alientan a seguir.
En las calles de La Paz hay historias que se construyen todos los días, lejos de los grandes locales comerciales y de las maquinarias industriales. Son historias de trabajo, perseverancia y personas que encuentran en sus propias manos la herramienta para salir adelante. Una de ellas es la de Aníbal Villegas, un trabajador que elabora pan casero y tortitas con chicharrón para venderlas recorriendo el departamento en bicicleta.
Tiene 35 años y, según cuenta, nació y se crio en Santa Cruz. Actualmente desarrolla su actividad en La Paz, donde poco a poco fue construyendo un vínculo especial con los vecinos que lo encuentran durante sus recorridos cotidianos.
Una jornada que empieza cuando otros terminan el día
Para Aníbal, el trabajo no tiene un horario convencional. Cuando termina de vender sus productos, alrededor de las 20.30 o las 21, comienza a preparar la producción del día siguiente.
La masa la hace completamente a mano. No cuenta con maquinaria ni con una mesa de trabajo especialmente equipada: utiliza los elementos que tiene a su alcance para sostener una actividad que requiere tiempo, dedicación y constancia.

Su rutina se repite noche tras noche. Mientras buena parte de la ciudad descansa, él amasa y prepara el pan que después ofrecerá en las calles.
Según los precios que compartió durante la entrevista, vende el pan casero a $2.000 y las tortitas con chicharrón a tres por $2.000. Son valores informados por el propio emprendedor y pueden variar con el tiempo.

Detrás de cada producto hay mucho más que harina y preparación. Hay horas de trabajo, organización y la decisión de continuar incluso cuando las condiciones no son las ideales.
Una bicicleta que se convirtió en su herramienta de trabajo

Durante el día, la bicicleta es su compañera inseparable. Con ella recorre las calles de La Paz y anuncia sus productos a viva voz, con la esperanza de concretar cada venta.
Pero su presencia ya no pasa inadvertida. Aníbal cuenta que muchas personas lo saludan por su nombre, le preguntan cómo está y se interesan por su trabajo.
Incluso cuando tiene que detenerse para reparar la bicicleta, los vecinos se acercan a preguntarle qué le pasó. En esas situaciones, a veces debe continuar caminando junto a su carro para poder seguir con su recorrido.
Esas pequeñas escenas muestran que su actividad también fue construyendo una relación cotidiana con la comunidad. En un departamento donde los encuentros entre vecinos siguen teniendo un valor especial, el saludo y el reconocimiento se convierten en parte de su jornada.
Aníbal también recuerda que, cuando comenzó a vender, las tortitas tenían otros precios. Con el paso de los años, los costos cambiaron, pero su voluntad de trabajar se mantiene.
Aprender de otros y sumar nuevas propuestas
El camino de Aníbal también estuvo marcado por el aprendizaje. Según relata, distintas personas que conoció en La Paz le enseñaron a preparar pan y tortitas. Hoy reconoce ese aporte y agradece a quienes compartieron sus conocimientos con él.
A la propuesta de panificados se suman los alfajores de maicena que elabora su amiga Ximena Calderón. Vienen en forma de corazón, en presentaciones de seis unidades, y el precio informado durante la entrevista es de $3.500.
La incorporación de estos productos amplía la variedad que ofrece y demuestra cómo la colaboración entre personas puede abrir nuevas posibilidades dentro de un emprendimiento pequeño.
Una historia que merece ser contada
La historia de Aníbal Villegas refleja una realidad presente en muchos rincones de Mendoza: la de quienes sostienen su economía con trabajo independiente, creatividad y esfuerzo cotidiano.
Sin grandes instalaciones ni equipamiento profesional, encuentra en la elaboración artesanal una oportunidad para seguir adelante. Su bicicleta, sus productos y los saludos de los vecinos forman parte de una rutina que se construye jornada tras jornada.
En La Paz, su historia invita a mirar de otra manera a quienes recorren las calles ofreciendo su mercadería. Detrás de cada venta hay una persona, un oficio que se aprende y una historia que merece ser escuchada.
Porque muchas veces los emprendimientos más cercanos no nacen de grandes inversiones, sino de la decisión de levantarse cada día y volver a intentarlo.