AMANECE, QUE NO ES POCO
Un país anestesiado, un presidente delirante y una vida cotidiana al borde del abismo: entre la bronca, la deuda y la belleza que resiste, algo empieza a despertar.
Hoy amanecí con un despertar totalmente diferente. Cuando apoyé las plantas de los pies en el piso sentí que lo estaba haciendo de verdad. Ese frío atravesó la piel como si fuese la primera vez. Esos pasos entre dormido hasta el baño. La orina tenía olor a orina, no a rutina. El agua que lavaba mi cara arrastraba una capa de moho que me permitía observar mi reflejo en el espejo con ojos nuevos. Los pelos de mi barba, al lado del bigote, rompían la piel y volvían a emerger, como cada día, a pesar de que los corto para darle una forma elegida por mí a mi rostro y no la que la naturaleza empuja por sí misma. Como que ese yo natural que sale por puro desperdicio de proteínas tiene formas que no me resultan del todo agradables. Me pongo los lentes para ver de cerca y puedo verlos, uno por uno, una vez más rompiendo la textura lisa de mi piel, levantando sus manos y diciendo nuevamente acá estamos. Los elimino, rasurándome la comisura de los labios, una vez más, pero ellos y yo sabemos que mañana nos volveremos a encontrar.
La imagen del espejo me quiere decir algo, pero calla.
Camino de noche, las sombras en la calle me resultan familiares, estoy en una zona segura, vienen muchos turistas entonces hay una militarización blanda para que los pobres no los asusten. Gente pasea perros, los miro y analizo, sonrío, recuerdo el meme que caracteriza a los que pasean su perro a la madrugada. Se ven raros juntando la caca. Aunque puteo a los que no lo hacen y quedan las veredas con mierda de perro esparcida por pisadas descuidadas.
Leo en una red social que el presidente fue a trabajar. Me sorprende un poco que eso sea noticia. Aunque desde la campaña ya todo me sorprendía. Leo que en Rosario, los empresarios que celebran su política, comentan que estaba sucio y con mal olor. Hasta la foto que publicaron huele mal. El pelo de dos días sin bañarse. Un maquillaje raro, movido por la transpiración seca y la transpiración nueva, goteando. La mirada perdida. Leo que gente que lo fue a ver a la quinta de Olivos comparte con preocupación que en la reunión se tomó cuatro latas de coca cola, a las que les agregó energizante y una cucharada de azúcar.

Se abre como una pequeña falla en mi analizador. Qué cuerpo, qué hígado, qué cerebro, puede metabolizar eso. Estimo que si perdiera una apuesta podría tomarme una lata con energizante encima y una cucharada de azúcar. Qué alma puede estar apretada dentro de cuatro camperas y tomar cuatro latas bomba.
No me preocupa tanto eso, como la devoción de nuestra sociedad a seguir eligiendo como su presidente a un tipo con estos comportamientos. No fue suficiente lo de la motosierra, lo de vender órganos, bebés, el pedófilo con niños envaselinados en el jardín de infantes. Ni la reforma laboral, el RIGI, la desocupación, más deuda, la bicicleta financiera, los salarios de mierda, no poder comer carne.
Me siento parte de una sociedad adormecida. Mareada.
Veo un video de una treintena de tipos vestidos como Gandalf, el viejo mago de barba blanca de la película El señor de los anillos. Con una bandera, cantando insultos frente a la mansión de Peter Thiel, a pocas cuadras de mi departamento.
Se autodenominan yihad contra las corporaciones de la distracción.
Es eso. Automáticamente quiero ser parte de ese grupo. ¿A dónde se juntan? ¿Quiénes son?
Luego recuerdo que Palantir, la compañía de Thiel, operó la intersección entre la inteligencia y las armas modernas con las que el Pentágono y la CIA diseñaron el aniquilamiento de los diez mil puestos superiores del gobierno de Irán, la cúpula política, militar y religiosa, en menos de cien horas. El genocidio moderno más eficiente de la historia de la humanidad.
Recuerdo que Antropic fue incluída en la lista de empresas terroristas de norteamérica por no querer ceder al pedido del presidente Trump de que el algoritmo tome la decisión de matar, decidieron que exista un humano que tome la decisión. Y que Thiel, con Palantir, sí accedió. Una de las bombas mató a centenas de niñas en una escuela.
Y me digo ojo al piojo, capaz estos Gandalf son todos servicios y a los boludos curiosos que se acerquen los empalan y mandan a Guantánamo. No seas gil.
Me gustaría no ser gil, ni cipayo, ni obediente, ni sentirme adormecido.
El siguiente video es una canción de Flor Bobadilla Oliva, qué voz, qué belleza. Canta un tango, luego un chamamé. La pronunciación de las rr de los misioneros, correntinos y paraguayos tiene una cadencia imposible para mi. Muy dulce. La potencia de su voz, la claridad de sus letras. El pueblo profundo que canta desde sus botes, sus telares, rutinas de pescadores que sobreviven al tiempo.

Llega el bondi. Cada vez tardan más. En la fila la gente sufre la demora, junta bronca. En el viaje un par de pibas hablan de que deben un montón de guita. Una debe ocho millones, la otra doce. Hablan de capital y de intereses, de interés simple y compuesto, de ejecución judicial de deudas. Un vocabulario técnico que no las agobia, lo habitan como una empleada de limpieza el mundo de los productos para desengrasar, para dar brillo y para lavar vidrios. Es un mundo sin solución en donde solo pretenden ganar tiempo en la ilusión de que algo va a cambiar y van a zafar.
Sale el sol, amanece, el bondi sube al puente, cruza las vías, de un lado la estación Gerli del tren Roca, del otro lado una barriada del conurbano con el sol y unas nubes desprolijas, que generan un efecto hipnótico.
Empieza el día, toca laburar, algo se rompió dentro de mi letanía. Crece una convicción indetenible de un punto final a esta historia triste y gris.
De un nuevo amanecer.